Comenzaron las vacaciones y muchos adolescentes quieren salir de viaje con sus amigos. Algunos padres tienen más resquemor que otros, pero esta situación se torna más conflictiva en las familias donde se han quebrado confianzas producto de algún accidente traumático.
Mónica López, directora de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, opina que es normal que los padres que hayan vivido una situación donde su hijo "corrió riesgos, porque no fue tan responsable como esperaban, sufriendo consecuencias en su salida, se sientan con mayor inseguridad y temor respecto a volver a dar permisos y libertades".
Sin embargo, la psicóloga advierte que "es clave considerar que muchas veces las peleas y castigos excesivos pueden ser menos efectivos que una conversación profunda, con reglas claras y permisos graduales para, poco a poco, se vayan recobrando las confianzas".
"Por eso es esencial no sólo enfocarse en lo que no se hizo o se hizo mal, sino reforzar también aquello que sí se hizo adecuadamente", aconseja la especialista.
-¿Cómo los padres pueden superar los miedos -propios de una mala experiencia- para no transmitirlo a sus hijos?
-Es clave que los padres tomen conciencia de que demasiada sobreprotección, si bien puede evitar algunos riesgos, también puede privar a su hijo de experiencias y aprendizajes que luego le podrán ser de gran ayuda en la vida.
-¿Qué podría pasar si estos padres no le dan el espacio suficiente a sus hijos?
-Tenemos que entender que la adolescencia es una etapa para construir identidad, ir distinguiendo quiénes somos, quiénes no queremos ser y en quiénes queremos transformarnos. Es momento de entablar relaciones, generar pertenencias a grupos, sentirse parte de algo. Si encerramos a nuestros hijos para que "no les pase nada", finalmente estaremos aislándolos, quitándole oportunidades y posibilidad de ensayar su capacidad para manejarse en el mundo.
-Pero mucha libertad tampoco es recomendable...
-Esto no significa descuidar o dejar que hagan todo lo que quieran. Es positivo filtrar y tomar resguardos. Que nuestros hijos sientan la preocupación, llamadas, idas a buscar, horarios, saber dónde y con quiénes estarán o conocer sus amistades es parte de esto. Experiencias difíciles habrán, no somos omnipotentes ni podemos evitarle todo dolor a nuestros hijos, pero sí podemos estar ahí para apoyarlos, escucharlos, cuidarlos, formarlos y acompañarlos en su proceso. Todos como familia irán aprendiendo en el camino.
-¿Cuánta libertad deberían darle los padres a estos niños?
-Va directamente asociada con el nivel de desarrollo del hijo, su capacidad para desenvolverse en el mundo de forma independiente, su humildad para pedir ayuda o confianza para recurrir a sus padres cuando se vean en riesgos o problemas, su tolerancia a la frustración, respeto por los límites y control de impulsos.
-¿Cómo reconocer estos límites?
-Es distinto cuando un niño no hace algo "porque sus papás u otros adultos dicen que no lo haga" a cuando no lo hace "porque él mismo entiende que es algo que puede perjudicarlo: Cuando un adolescente comprende el por qué de las normas y entiende que la preocupación de sus padres es porque desean cuidarlo y protegerlo, no "molestarlo", todo puede fluir más.
 
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