Cartones como camas, humedad, frío, el temido
grisú y letrinas. Así viven su protesta los 73 mineros la mina de carbón Santa
Ana, en Curanilahue.
“Mineros y familia, por un trabajo digno!”, dice
uno de los tantos lienzos colgados en el ingreso a la mina Santa Ana, en la
Región del Biobío. El yacimiento es escenario de una singular huelga, en que 73
mineros se niegan a salir a la superficie mientras no tengan respuesta a sus
demandas.
Los trabajadores denuncian sueldos impagos y
cotizaciones irregulares, en una deuda que, según ellos, sería cercana a los $
400 millones. Durante la semana el arzobispo de Concepción, monseñor Fernando
Chomali, visitó a los mineros e indicó que “vamos a golpear todas las puertas
para que de una vez por todas se solucione este problema”.
La mina se ubica ocho kilómetros al sur de
Curanilahue, en la provincia de Arauco. Inició sus operaciones el 7 de enero de
2009 y, desde ese mismo día que Melanio Muñoz (61) trabaja en el yacimiento.
Sus manos agrietadas y resecas dan cuenta de los más de 20 años de trabajo. Por
su edad y condiciones de salud no pudo seguir a los otros 73 compañeros. “Si
pudiera estar abajo lo haría, es una causa justa, pero los años pesan”, dice.
El pasado martes 11 de agosto, a las 23.00, los
180 funcionarios de la Santa Ana decidieron paralizar sus actividades. Pero no
sólo eso. También llevaron a cabo una arriesgada medida de presión: 73 de ellos
permanecieron adentro, instalando una huelga a 650 metros de la superficie. La
Tercera bajó para conocer su historia.
En la “yegua”
Por razones de seguridad, al igual como lo hacen a
diario los tres turnos de trabajadores del pique, para ingresar se debe llevar
puesto un casco con foco. También guantes y zapatos de seguridad. La mayoría,
sin embargo, no los tiene.
En la “yegua”, como todos llaman al carro de
arrastre, se llega hasta los 520 metros de profundidad. Luego, se camina.
“Generalmente la usamos para subir, hacerlo a pie demora al menos 30 minutos”,
dice un minero.
El piso está cubierto de barro y piedras. Los
túneles están afirmados con vigas que parecen delicadas. Hay una bandera
chilena, apostada a 600 metros. Los mineros aseguran que, como no han tenido
respuesta, se trasladaron 100 metros más abajo. “Si no tenemos solución, vamos
a seguir avanzando. A medida que lo hacemos, hay menos ventilación”, declara el
presidente del sindicato, Luis Chandía.
Aparecen rostros cansados y ropas sucias. El suelo
está húmedo. Manuel Rocha (51) sobrevivió a la tragedia “El Castaño Cinco”, de
Curanilahue, el 29 de julio 1989. En esa ocasión fallecieron 21 mineros.
“Cuánto tiempo ha pasado”, señala conmovido.
Gas grisú
Al interior del yacimiento se generan gases
tóxicos y explosivos, como el mítico grisú. Marcos Carrasco, supervisor de
gases de la mina, no se despega de su medidor. El control de estos niveles
puede salvarles la vida.
“Tenemos familias, personas que dependen de
nuestro sueldo”, señala Jaime Castro (45). Agrega que “muchos tenemos hijos en
la universidad, estamos endeudados con créditos para educarlos”.
La temperatura es inestable. Existen corrientes de
aire y filtraciones de agua que hacen helada la estadía. La noche es compleja.
Sin mucha ropa y sin colchones, la mayoría ha estado durmiendo en el suelo,
sobre cartones y trozos de madera.
Los baños son pequeñas letrinas, en que un nylon
naranjo hace de puerta. En un improvisado comedor, de tres metros, hay un mesón
y algunos bancos. Allí comen. “En estos días nos han ayudado organizaciones
sociales, deportivas y religiosas”, cuenta otro trabajador. A la hora del
almuerzo bajan la comida en fondos, para que alcance para todos. Para el
desayuno y once les envían pan y termos con café. “El Estado invirtió millones
en rescatar a los 33 (de Copiapó); nosotros sólo pedimos que nos paguen lo que
se nos debe”, dice Pedro Orellana (53).
Estado de salud
Problemas respiratorios, osteoarticulares,
oculares, gastrointestinales y sicológicos han sido detectados por la autoridad
sanitaria, según consta en el parte médico publicado por el Servicio de Salud
Arauco. La entidad instaló una enfermería temporal en las afueras de la mina
Santa Ana.
Cinco trabajadores ya han sido atendidos en el
servicio de urgencias del Hospital Rafael Avaria, de Curanilahue, tras ser
derivados desde aquella enfermería. Pero los problemas de salud no se
limitan sólo a la huelga. José Cuevas (54) es enfermo crónico (hipertenso) y
tiene una hernia en la columna. Dice que no debería trabajar en una mina, pero
es quien sostiene su hogar: “A mi edad qué otra cosa puedo hacer, nadie me va a
comprar los remedios o llevar el pan a mi casa”, cuenta.
La Dirección del Trabajo citó a una instancia de
conciliación para lograr una solución. La mediación fue fallida. Ahora se
espera una reunión entre trabajadores y representantes de la firma S.W.
Curanilahue, propietaria de la mina. La Tercera se comunicó, mediante correo
electrónico, con Rodrigo Danús, a quien los mineros identifican como uno de los
dueños. El aseguró que su participación en la empresa había sido vendida en
diciembre de 2014.
El supuesto nuevo integrante de la firma, Miguel
Hernández, reconoció tener participación en la empresa, aunque solamente
como accionista, y declinó entregar su versión sobre la huelga. “El tema
lo ve mi abogado”, sostuvo.
Ayer los trabajadores se reunieron con autoridades
de Gobierno que les ofrecieron becas para bajar la huelga, a lo cual los
mineros se negaron ya que aspiran a que se les pague lo adeudado.
FUENTE: La Tercera
