Los estadounidenses creen que todo individuo es dueño o dueña de su destino. Pero quizá sus presidentes simplemente tienen suerte.
Barack Obama, un ex organizador comunitario relativamente poco experimentado, profesor universitario y senador, ganó la elección de 2008 gracias a una tríada de afortunadas coincidencias.
Su rival partidista Hillary Clinton subestimó al joven demócrata, mientras los estadounidenses anhelaban un “cambio” tras los años de Bush, y su oponente republicano John McCain resultó ser débil en campaña.

LA SUERTE DE LOS POLÍTICOS

El ascenso de Obama comenzó en la nieve de Iowa. Y es allí donde el destino ha vuelto a sonreírle a otro político con suerte: Mitt Romney, el vencedor de las asambleas presidenciales republicanas de este pequeño estado agrícola.
La victoria de Romney no fue decisiva en la noche del 3 de enero y se impuso apenas sobre el conservador Rick Santorum, un favorito de la derecha religiosa.
Imagen foto_30531Pero Romney probablemente se convertirá pronto en el retador oficial de Obama en la elección presidencial de noviembre, al estar mejor preparado para las próximas asambleas de Carolina del Sur y Florida, a diferencia de Santorum, que hasta ahora se ha concentrado casi exclusivamente en los votantes de Iowa.
La posición de Romney contrasta también con la de su rival Ron Paul (tercer lugar en Iowa), ídolo de los jóvenes radicales que quieren poner fin a la participación bélica estadounidense y cerrar la Reserva Federal.

TRISTE GRUPO DE RIVALES

Romney, ex gobernador de Massachusetts, ha trabajado duro para este momento de coronación, habiendo sido un candidato presidencial profesional durante media década. Es también un mejor competidor de lo que fue en su primer intento en 2008, cuando a muchos votantes les pareció un robot político.
Pero Romney es sobre todo afortunado. Al igual que Obama antes de él, le han ayudado tres cosas. Sus rivales: el lote de candidatos republicanos para la elección de 2012 no es sólo decepcionante, es divertido; una especie de circo con atracciones que cambian a cada rato. Y ninguno de los otros candidatos consiguió unificar el bando anti-Romney para sus propios fines.
La parlamentaria por Minnesota Michele Bachman pudo haber sido la voz del influyente movimiento del Tea Party, pero su estridencia atronó los oídos de los republicanos moderados. Llegó sexta en Iowa.
Armado con dinero del petróleo, el gobernador de Texas Rick Perry lució pechugón pero pobremente educado en los debates televisivos. Logró derrotar por poco a Bachmann y anunció que regresará a casa para “decidir si tengo un futuro en esta competencia”.
En cuanto al ex presidente de la cámara de representantes y original pensador Newt Gingrich, fue poco convincente en el rol de portaestandarte conservador. Los escándalos del pasado relativos a sus tres matrimonios y a haber ganado millones como lobbysta en Washington, fueron demasiado para que su campaña pudiera soportarlos.

LOS QUE NO FUERON CANDIDATOS

La segunda cosa: candidatos potenciales tímidos. Republicanos prominentes que hubiesen sido adversarios más formidables que los actuales rivales de Romney decidieron no competir porque creyeron que no era su momento y temieron a la campaña de Obama.
Chris Christie, gobernador de New Jersey, es uno de ellos, como lo es Paul Ryan, un prometedor y joven congresista conservador.
Y, naturalmente, está Jeb Bush, hermano del ex Presidente George W. Bush. Los conservadores lo tienen en alta estima, pero lleva un apellido que, gracias a su hermano, es más una maldición que una bendición.

“EMPLEOS, EMPLEOS, EMPLEOS”

Tercero, las preocupaciones de Estados Unidos: hace cuatro años, a los votantes conservadores de las asambleas de Iowa todavía les preocupaban el aborto y las creencias mormonas de Romney.
Hoy, Estados Unidos es una nación donde los temores al desempleo superan a aquellos sobre los mormones.
El tema clave de la campaña de 2012 será “empleos, empleos, empleos”, y las políticas económicas son uno de los talentos clave de Romney, quien fue anteriormente un exitoso empresario.

MUCHO CONSERVADOR ESCÉPTICO

Estas circunstancias afortunadas podrían convertir a las primarias republicanas en un asunto insípido traducido en una fácil victoria de Romney, aunque sus adversarios tienen por cierto todavía suficiente dinero disponible para unos cuantos ataques en contra del favorito.
El 3 de enero, Gingrich lo calificó de “mentiroso”. Pero si Romney obtiene una victoria convincente en New Hampshire el 10 de enero, es probable que los republicanos consoliden su apoyo tras suyo.
Eso sería bueno para el ex gobernador, pero también peligroso. Si obtiene el apoyo de los republicanos sin demasiada resistencia, es improbable que se siga desarrollando como candidato; al revés del novicio Obama, que tuvo que trabajar duro en la épica batalla de las primarias con Hillary Clinton.
Y Romney debe mejorar su candidatura para convencer a los numerosos conservadores que todavía son escépticos respecto de sus múltiples cambios de posición y su presunta falta de principios.
Si no logra hacer esto, el destino estará sonriéndole a un sólo político cuando llegue la elección de noviembre: Barack Obama.
 
Top